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Sin título. MJ Martínez

El diario completo de MJ Martínez está contenido en el VOL II de La desconocida que soy.

 

Agosto 2017

Tercera semana

Agosto ha sido un mes intenso. Algunas de mis mujeres han sufrido por hombres, y yo con ellas. Y yo por ellas. Mis niñas, ya mujeres, han desgarrado sus gargantas por las torpezas de los hombres, y yo las he mirado y he gritado al escuchar, y he callado al entender, y he llorado al sentir. Mis niñas, ya mujeres, en agosto han sentido la pérdida en sus vientres, en sus ojos, en su sangre luchando por la vida. Los hombres son terribles cuando no entienden, cuando nos miran a los ojos y no reconocen el mismo órgano, cuando nos miran a los ojos y no reconocen la misma carne. Y actúan, y se humillan. «Los hombres son terribles cuando aman» me advirtió David Meza hace tres años, sin imaginar, yo, todo lo que terminarían significando estas palabras. Ahora vivo un agosto de 2017 que jamás habría imaginado en agosto de 2009, antes de formarse el ciclón, antes de que el vapor se convirtiera en tormenta, antes del abismo, antes de que el dolor matara a la niña que fui, antes de que mi hermano huyera sin pedir permiso. Pero vivo este agosto y soy una mujer llena de miedo. Pero vivo este agosto y por suerte, vivo rodeada de mujeres llenas de fuerza.

 

Septiembre 2017

Tercera semana

Vivo frustrada. A mi frustración la he llamado siglo XXI. Al siglo XXI le he llamado presión social, académica, laboral y física. No me gusta mi cuerpo y estoy casi segura de que es culpa del capitalismo. No me gusta mi tripa y estoy casi segura de que es culpa del capitalismo. No me gustan mis pechos y estoy casi segura de que es culpa de algún gilipollas, porque son monísimos y no necesito usar sujetador. Siempre quiero más y estoy cien por cien segura de que es culpa del capitalismo.

Aspiro a ser algo que alguien puso de moda. Aspiro a ser algo que no entiendo. Aspiro a tener un trabajo de mierda que me permita estudiar. Aspiro a tener un trabajo de mierda que me permita beber y beber y beber. A veces me quiero morir. Aspiro a tener un trabajo que no me dé ganas de morir. No tengo dinero para alcanzar algo que solo me hará más infeliz, que solo me hará querer más, que solo me dará ganas de llorar. Aún no es invierno y en el metro ya han quitado el aire acondicionado. La gente me agobia. Mi cuerpo me agobia.

La pantalla de mi móvil me asfixia. Vuestras fotos de Instagram me asfixian. La necesidad de hacerme fotos para subirla a Instagram me asfixia. Ya solo sé escribir en el bloc de notas de mi móvil mientras voy en el metro. Mi mente va a dos mil revoluciones. Esta semana se parece mucho al infierno. En dos semanas estaré en el paraíso.

 

Octubre 2017

Cuarta semana

La mujer adulta que llevo dentro se dirige a hacer la compra mientras siente que esta jaula-ciudad se está convirtiendo en cárcel. Me oprime el pecho y la garganta. Quiero huir de aquí. Me asfixio. Necesito unas vacaciones de mí misma, de mi vida. Quiero desconocer a todo el mundo que conozco. Desaprender todo lo que he aprendido. Olvidar lo que he vivido. El dolor. El miedo. Necesito respirar aire puro que se cuele entre mis pulmones sin esfuerzo, no como la contaminación de esta ciudad, de esta vida, que me enferma. El aire puro se parece mucho a estar sola, a no hablar, a no sentirme responsable de nadie. A no sentirme responsable de mí. Olvidar el concepto responsabilidad. Ya no recuerdo lo que era vivir sin ansiedad.

 

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El nivel de auto exigencia al que me elevo me está haciendo minúscula mientras veo cómo algunas de mis mujeres se rebajan ante los hombres que no las saben amar. Soy una espectadora ante la flaqueza de sus piernas y de sus estómagos y de sus dependencias. Soy una espectadora ante mis propias flaquezas, mi propio estómago, mi propia dependencia y analizo por qué, cuándo, cómo pasó. Analizo quién nos educó para darnos, a nosotras mismas, este lugar que no nos corresponde. Que no es nuestro. Y a pesar de ello, somos fuertes. Y gracias a ello, nos hacemos fuertes.

Octubre termina mientras siento que no llego a mi vida. Octubre termina y yo corro, y corro, y corro, y no duermo y arrastro el cansancio de meses solo y únicamente por llegar a ningún sitio concreto. Octubre termina y solo puedo pensar que durante tres meses he bebido más alcohol que en veinticinco años, y no tengo claro cuánto de sano es eso, y no tengo claro cuántos problemas estoy queriéndome ocultar con eso. Octubre termina y solo quiero dormir. Y solo quiero dormir. Y no quiero dormir con hombres. Ni que los hombres quieran nada de mí. Ni que las mujeres que quiero tengan que hacerse fuertes por sufrir. Ni que mi madre siga corriendo por el pasillo de mi casa para nunca alcanzar a mi hermano.

Octubre termina y yo cierro los ojos, y abrazo a mi estómago que lo padece todo. Y no abrazo a mi hermano. Y no abrazo a mis padres que viven a cuatrocientos kilómetros de soledad. Y no abrazo a mi hermana, mi igual, que sufre como yo, que lo padece todo como yo, que no se quiere mujer y se siente niña, en el fondo, como yo.

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