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GEOGRAFÍAS ÍNTIMAS

Nuestra fe. Natalia Romero

Bariloche – 2017

 

27 de julio

La belleza radica en la verdad, dice Andréi Tarkovski. Vuelvo a sus polaroids, esas postales pequeñas, sin pretensiones, que me mostró Flora: la mesa de su casa con un florero y flores naranjas, la luz sobre el vidrio de la ventana, la calle vacía y la senda amarilla gastada como si fueran también flores, la neblina de una mañana vista desde el jardín, la ventana de la cocina, la ventana abierta de la entrada de la casa, su mujer mirando el cielo con un vestido de flores azules y el cielo en el mismo tono azul, su mujer y su hijo en la mesa del desayuno, casi dorados de tanta luz.

 

2 de agosto

Feliz cumpleaños mamá. No recuerdo cuántos cumplirías, perdí la cuenta o dejé de contar.

Por la ventana de la casa desde donde te escribo, veo las montañas reflejadas en el agua, me parece una postal que fue lejana y ahora es cierta. Qué maravilla mami, si vieras cómo el cielo se refleja en el agua, perfecto, como si fueran la misma cosa. Agua y aire, agua y cielo, lo mismo. Cómo puede ser eso, ¿vos viste? Se llaman cauquenes esos patos me dijo Sofi, los vi volar esta mañana, los vi acercarse a la laguna, rozarla, ahora mismo los veo. Quiero contarte todo.

 

Reviso mis notas del diario de hace unos meses. Busco algo, no sé bien qué.

Casi todas son escritas por la mañana:

 

12 de junio

Me gusta escribir a mano, es como volver a mirar una caligrafía que a veces olvido. Mi letra manuscrita se parece a la de mamá.

13 de junio

Cada vez que escribo un poema me siento más viva. No hay forma de no salir fuerte de esto.

14 de junio

I have been to hell and back, and let me tell you it was wonderful, Louise Bourgeois.

15 de junio

Creo en lo que todavía no es porque así creo en lo que es.

17 de junio

La luz sobre las cosas.

20 de junio

Pienso en M, amo a esa perra, y quizás ella me ame a mí.

23 de junio

Idea Vilariño: este cuaderno es lo único que me lleva a mí misma.

10 de julio

Veo pasar los pájaros en el cielo, los veo decidir el rumbo.

21 de julio

Escribo para ir con cuidado.

 

17 de diciembre

Estoy leyendo El año del pensamiento mágico, de Joan Didion. Su marido muere repentinamente sentado en la mesa del living de la casa. Es un libro tremendo, muy tremendo. Cuando S dejó de hablarme yo sentí eso, que había muerto. No se trataba de su ausencia sino del silencio. Que no haya podido hablar, que se ignore lo que pasa como si se pudiera vivir así. Escribo para entender, para ver cosas que no había visto. La vida cambia en un instante, dice Didion. Sí. Y hay que aprender a vivir con eso.

 

19 de diciembre

Volví a la casa de Moreno donde vivíamos con mamá. Pasaron 14 años y yo no había vuelto a entrar. Abrí la puerta del departamento al que todavía llegan las expensas con su nombre, Silvia Adriana Riposati. Toqué el marco de las puertas, las ventanas, toqué el picaporte de la puerta de su habitación, toqué las manijitas de su placard. Nunca lo había abierto sin que tuviera sus cosas adentro. Nunca abrí el placard para sacar tus cosas, mamá. No sé quién lo hizo. Alguien sacó todo. Alguien se llevó la cama, el colchón.

De todos modos, cuando creía que nada de lo que había tenía un rastro tuyo, encontré unas marcas de suela de zapato sobre la pared del interior del placard. Eran de tus suecos negros, estoy segura, esos de verano, los de taco chino, altos y anchos para tus pies de dedos gordos. Ahí estabas mamá.

 

21 de diciembre

Terminé el libro de Didion. En la libreta anoté: todo lo que viene es memoria. No sé qué quise decir. Lo anoté después de marcar esta frase con lápiz: una y otra vez, nos quedamos en otras palabras, sin más objetivo que nosotros mismos.

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