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La desconocida que soy

 

La desconocida que soy esuna antología de diarios íntimos de mujeres de Latinoamérica y España. En octubre de 2017, a partir de una convocatoria abierta, recogimos más de 60 testimonios de mujeres que decidieron abrir sus diarios al mundo. Sus autoras nos hablan desde Argentina, Uruguay, Colombia, Cuba, Venezuela, México y España.

 

Elegimos el azul para el primer tomo porque en nuestra estética este color remite a la intimidad, a la profundidad de la noche y del océano. También porque el azul es acuático y el agua significa inicio, nacimiento.

 

Elegimos el color tierra para el segundo tomo porque remite a la solidez, tanto de nuestro proyecto como de las voces que van encontrando un lugar donde poder germinar. De fondo siempre está el mar.

 

Laura Freixas y Natalia Romero, autoras de los prólogos, nos invitan a entrar en el diario como un universo literario lleno de matices: en la forma, en los temas, en la temperatura de los textos, en las distintas subjetividades posibles. Escribir un diario como acto de libertad; publicarlo como acto político, como gesto colectivo. Escribir un diario como forma de hacer visible lo invisible.

 

Nos han dicho de este libro que «hace de la intimidad algo universal» y es precisamente eso lo que buscábamos cuando decidimos reunir a mujeres de distintas edades y distintos países en una compilación. Todas estas voces, genuinas y particulares, se encuentran en la sensibilidad por las cosas y en la honestidad con ellas mismas y el mundo.

 

Leer La desconocida que soy supone un viaje (a veces literal) a través de las geografías del afuera y también del adentro. En este libro las autoras se pelean con ellas mismas y lo cuentan. Se reconcilian, recuperan la memoria, se desconocen. Reflexionan sobre la escritura, sobre el amor, sobre la muerte o el cuerpo.

 

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Algunos fragmentos del VOL. I:

 

«Acabo de terminar los diarios amorosos de Anaïs Nin. ¡Qué impresión!… Esta mujer me fascina, qué personalidad tan singular, tan intensa, tan marcada. Me fascina su aplomo. La intensidad de su deseo y de su placer, en el amor y el erotismo. Su ausencia de culpa. Su extraña mezcla de poesía, generosidad y cinismo. Su vida dedicada completamente, apasionadamente, al menos en estos años (1932 a 1937) a tres cosas: follar, mentir y escribir en su diario.» Laura Freixas

 

«Salvaje de las piedras. Pensaba en los hilos invisibles entre nosotros. Lo demás es una fachada. Una forma más de encantamiento, seducción, supervivencia.
Comernos los unos a los otros,
como nos comemos a nosotros mismos.» Inés Vecchietti

 

«Pienso en mi cuerpo y en mi cara; cada vez tengo más arrugas. A veces odio ver mis fotos, especialmente aquellas en las que se me ve más de cerca, porque siempre encuentro ese enorme pliegue debajo de mi ojo —ya no sé si el derecho o el izquierdo—, señal de que la segunda ley de la termodinámica funciona: mi cara se desordena.» Isabel García Cuesta

 

«Doy pasos firmes, camino derecho a convertirme en lo que deseo ser. Todo sucede justo a tiempo. Disfruto un vino y mi comida, y la música. Bailo sola en una habitación que ahora está casi vacía. ¿Será así todo el invierno?» Giuliana Santoli

 

«Un dragón es un pájaro herido que necesita soledad y sosiego. Es un recipiente de amor que se ha roto. Un interrogante que no cesa. Un pájaro es un dragón que aún no sabe que le llegará la herida. Ambos se contienen. Se respiran. Se nutren del mismo vuelo.» Susana Simavilla

 

«Todas las palabras se vuelven mágicas al ser traspasadas por el blanco perfecto de la nieve acumulada en la calzada. Me llegan regalos de todas las maneras, hoy una vela roja con olor a canela, ayer una palabra que empieza con A. La magia.» Oriana Vázquez

 

«No sé la historia de los edificios ni entiendo la mayoría de las conversaciones a mi alrededor; no estoy enterada de la actualidad política ni sé por que calle estoy caminando. Sou uma pesquisadora y mis propias impresiones son el principal objeto de este viaje.» Cristina López

 

«Digamos que ya no escribo si no es para verme libre. Hubo un tiempo en el que me creí Circe, Circe todopoderosa, ahora incluso he perdido la fuerza de los ojos. Sigo aquí, sin embargo, transmitiendo la ausencia de cariño, porque ha llegado el verano y ha desterrado a los muchachos.» Keiko McCartney

 

«Aceptar que mi cuerpo no es mío evita el pánico aunque mina mi ego. Consigo relajarme dentro de la ansiedad. Aun así, sin que pueda hacer nada, en pocos segundos la maquinaria se pone en marcha: el pecho quema desde dentro, el corazón se desborda, las tripas y el estómago tiemblan y, si me descuido, los brazos y las manos también. Pero la respiración todavía es mía y la fuerzo.» Elena Barrio

 

«Costa de Baracoa. Veo la espuma blanca de mar avanzar y retraerse sobre la tierra negra. Veo la tierra negra pero nos veo en Vik un año atrás cuando sentí el límite del mundo. Recuerda mi cuerpo los rastros que le deja la sustancia, y de ellos destila lo demás. La orilla negra es mi frontera y el mar está congelado aunque estamos en el centro, cerca de los Trópicos.» Agustina Bor

 

«Duermo a ratos.
O eso intento, porque La Habana es una ciudad desalmada cuando se trata de dejarte descansar los mediodías, y al poco me levanto y bajo a hacerme un café. Y pienso. Pienso todo el tiempo en cosas que ya no tienen remedio, en cosas que debería haber olvidado para estas fechas, o en cosas tan inútiles como un amante online, por ejemplo.» Diana Ferreiro

 

«Al menos dos veces por semana lloro porque me siento impotente frente a la situación y siento que lo estoy haciendo fatal, otras dos lloro porque siento que no me tocó una hija fácil y no sé muy bien qué hacer frente a eso. » Jazmín Hollmann

 

«Recordar que soy. Que estoy. Que siento. Que pienso. Que puedo hacer lo que quiero porque lo elijo. Que soy muy afortunada. Que quiero amor. Que quiero amar. Que quiero encontrar una ventana con vistas a lo verde. Una ventana rodeada de libros, plantas y un escritorio. Que me dé la luz. Que me caliente el sol. Donde tomar mate y café. Donde amarme.» Laura Bianchi

 

«’La belleza es verdad y la verdad es belleza’, eso dijo Keats. Yo susurro para mis adentros que la belleza es una verdad que vista muy de cerca sería capaz de devorarme. Se me viene a la mente el síndrome de Stendhal que suelen padecer algunos visitantes de Florencia. ¿Acaso la belleza puede matar? ¿Se puede vivir en una sucesión interminable de belleza plena y rotunda?
Es probable que no, la belleza interminable sin duda nos dolería.» Mariela Cordero

 

«Madre, me he convertido en ti.
Me casé con un buen hombre, barbudo y miope.
Ahora tú también estás tatuada.» Nathaly Ponce

 

«Hoy me cepillé los dientes con tanta fuerza que me sangraron las encías. Pero con tanta, tanta fuerza que a la persona con las encías más sanas del mundo también le hubieran sangrado. No sé si tengo gingivitis o rabia nomás.» Carol Milkewitz

 

«Soy habitué de las ferias y de las farmacias. Las dos empiezan con f, lo cual no significa absolutamente nada. En el bullicio sensorial de la feria explotan chispas de magia, creo firmemente en que las entidades espirituales que viven con nosotros aprovechan para mostrarse ahí porque se creen que con tanto ruido no las vemos.» Olivia Arocena

 

«Veintidós años. Mamá se fue. Yo comencé a tapar el dolor con sexo, alcohol y drogas, hasta que empecé a escribirle cartas. «Soy tu huella en la tierra» le decía. Empecé un libro, creo que se fue con ella.» Valentina Riveiro

 

«Cuando voy a un concierto canto las canciones, aunque eso me impida disfrutarlas, para que los demás vean que me las sé. Entonces paro y me digo a mí misma: ‘Boluda, disfrutá, tu vida la llenás vos, no la mirada de un desconocido. Aparte nunca vas a saber qué mierda piensa’, y sigo mirando, pero una parte de mí se quedó allá, prendida en los demás.» Sofía Pinto

 

«Amaba su cabello. Cuando se le cayó tras la primera sesión de quimioterapia lloró como una niñita. Todos en casa lloramos juntos. Luego nos reímos a carcajadas por lo graciosa que se veía. Compramos unas pelucas que terminaron usando mis sobrinas en los actos escolares. Como sufría de calor, decidió llevar su calva-cáncer al viento.» Melanie Pérez Arias

 

«Me obsesiona la fragilidad. En mi cabeza la imagen de una chica con piernas desnudas y cabeza ensangrentada en medio de la calle, otro cuerpo muy cerca, no lo veo, me escapo. Queda la curiosidad. El enfermizo voyerismo de la muerte…» Laura Liz Gil Echenique

 

«Antes de almorzar compartimos una ronda de coqueo y nos presentamos. De regreso al alojamiento con los compañeros peruanos intercambiamos sentires sobre América Latina: los progresismos que se van alejando y las derechas que arremeten, que tememos por Venezuela y el futuro de las revoluciones que soñamos.» Josefina Garzillo

 

«Ayer pensé, sin escribir nada. Pensé que me acordaría, pero fue un error, porque no recuerdo nada de lo que pensé. Puedo ver todo lo que vi, pero no lo que andaba dentro de mi cabeza. Algo relacionado con la existencia, seguramente, últimamente no pienso en otra cosa.» Leyre Villate

 

«Son casi las tres de la madrugada. Mi padre pelea contra la muerte desde las once. He venido asustada y entera. Ahora le observo en esta gélida habitación de hospital, muerto, pero con respiración asistida. Gana él. No quiere dejar la vida. Parece dormido.» Joana Sánchez

 

«Cuando aparece una estela anaranjada asomando por la ventana. Cuando la tibieza del cielo tiñéndose de azul a dorado te moja las piernas. Cuando el borde de la piel pierde su carne para ser momento. Plenitud. Contemplación.» Priscilla Vallone

 

«Te digo: ‘¿Cuánto pesa el cuerpo de un hombre sobre una mujer?’
—Hagamos silencio para oír el sonido del mar —respondes con los ojos cerrados y una mano en el pecho.» Sol Iametti

 

«Ahora más que nunca, quiero abrazar a todas las mujeres. Agarrarme a su ombligo y descifrarles el camino más certero. Quiero hablar de ese nacimiento y no de la decisión mortal del no-derecho. Eso me entristece.
Mamá se ha portado tan bien estos días.» Laire Sur

 

«Es extraño, pero hay algo bello en esta tristeza cuando uno la deja ser, cuando la suelta, porque se comprende que hay un dolor y una intención genuina que la producen, no hechos malintencionados sino la consciencia de un deseo que no se corresponde al momento, de una historia posible que se resiste a suceder según expectativas.» Ana María Trujillo

 

«Uno. Vuelvo a Cabrils, a mi árbol de algarrobos frente al mar. A la osadía de subir hasta su tercera rama y experimentar el vértigo por primera vez. A la mano de uno de mis hermanos, quien subió hasta la segunda para explicarme que siempre hay vuelta atrás.» Carmina Balaguer

 

«Y no me dijo que escribiera. Solo me dio un nombre nuevo, Mardía, que habla del alma que está satisfecha de Dios y a la vez contenta y satisface a Dios; y me dijo que me casara. Nada más. Yo no debía acabar mi libro, sino casarme.» Marta Herrero

 

«Hoy me reencontré con F y me decía: ‘¿Te acuerdas de cuándo…? ¿Te acuerdas?’, y la verdad que yo no me acordaba de nada. Y a la vez me acordaba no de detalles sino de una neblina. De un colchón, de un sillón, de cerrar los ojos, del sol. De cosas blancas y blandas. De cuando vives dos semanas como si fueses a vivir así toda la vida.» Olga Hueso

 

«No me interesa que te levantes y tomes café. No me interesa que hoy no tengas hambre. Me interesan tus reflexiones, lo que te gusta, lo que odias, los libros que te atrapan, los que no. El amigo que te traicionó, el amor que no puedes olvidar. Las pasiones que hacen que te despiertes a las tres de la mañana. Lo que te da miedo. Eso. Hacen falta diarios escritos con pasión.» Oriette d’Angelo

 

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